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pan y paz bta 5El pastor menonita Pedro Stucky compartió esta reflexión a ciudadanos, lideres comunitarios, intituciones anabautistas y de más asistentes a la Jornada de Celebración de Pan y Paz en el marco del Dia Internacional de la Paz, realizada en Bogotá el pasado 21 de Septiembre.

Su mensaje invitó a la construcción de un nuevo país, que rechace "las mentiras, la corrupción, las injusticias y la explotación contra la gente sencilla", un país que empiece a caminar por los caminos de Dios, que son de verdad, justicia y noviolencia. Recordó a todas las madres, padres, hijos e hijas que han sido victimas del conflicto y de la ceguera del Estado, a los que viven en pobreza, desprotegidos, con hambre, en miseria o lejos de sus tierras,y el papel de los cristianos en la búsqueda de un país de "Pan y Paz para todos y todas, un país de abundancia de trigo y vino; un país donde nuestros muchachos y muchachas crecerán hermosos".

Dejamos a continuación el texto completo de la reflexion del pastor: 

Pan y Paz
Is. 58.5-12 y Zac. 9.16- 10.1
Por Pedro Stucky

1.INTRO
Gracias al Equipo organizador de Pan y Paz bajo el liderazgo de Carlos Sanchez, gracias a las iglesias y organizaciones que respaldan este esfuerzo, gracias a la Alcaldía Mayor de Bogotá, gracias a la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, gracias al Ministerio de Interior, gracias al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo – PNUD.

Hoy, estamos aquí respondiendo a la decision de la Asamblea General de las Naciones Unidas de establecer el Dia Internacional de la Paz, la Noviolencia y el Cese al Fuego, el 21 de sept.

También nos damos cuenta que estamos adportas de una gran posibilidad de comenzar una tiempo de cese a hostilidades en Colombia por el cual hemos orado y trabajado por muchos años.

Desde el 2002 cuando comenzamos estas celebraciones las hemos llamado Pan y Paz para llamar la atención sobre la relación que hay entre la paz y el pan, entre la paz y la justicia social y económica, entre la paz y el bienestar de tod@s l@s ciudadan@s del país. En resumen, entre una paz duradera y suficiente para comer.

Gracias por responder a este llamado; por reconocer que la acción transformadora de Dios nos sorprende y nos invita a nuestra propia transformación. Pero también transforma a países enteros, situaciones desesperadas donde aparentemente no había salida y todo estaba cerrado.

A través de la oración y acción del pueblo de Dios y las personas de buena voluntad se derrumban los muros de la indiferencia, del egoísmo, de la fuerza de las armas, de la injusticia. Así que gracias herman@s, amig@s por creerle a Dios.

Gracias por creerle a Jesús que si tuvieres fe como un grano de mostaza diría a esta guerra: “échate a la mar” y le será hecho.

2. ACCION DE GRACIAS

Hoy es justo y necesario reconocer que se han hecho grandes avances para poder vivir con más paz que antes en nuestra nación. Damos gracias infinitas al Dios de los cielos, al Padre de toda la humanidad, por este gran momento en nuestra historia colombiana y por el privilegio de estar vivos para ser testigos.

Damos gracias a Dios por hacerlo posible. Nosotr@s que nos confesamos cristian@s de cualquier tradición tenemos que decir claramente lo que dice Dios en en AT, en Miqueas 4: La voluntad de Dios es la paz. Dios es Dios de paz. Jesucristo es Principe de Paz. Su voluntad es paz para la humanidad.

Utilizar los recursos nacionales y mundiales para el armamentismo y las guerras es una abominación, una afrenta a la voluntad de Dios en un mundo lleno de pobres y víctimas que se cuentan por millones y aún miles de millones.

Hacia lo que Dios trabaja y nosotr@s también tenemos que hacerlo, es que las armas se conviertan en arados e instrumentos de producción y donde cada persona pueda vivir en paz y sin temor bajo su vid y su higuera, o sea sin temor y con comida.
También es justo agradecer y reconocer los esfuerzos de las partes negociadoras por conciliar condiciones y acuerdos que sean mutuamente aceptables para poner fin a un conflicto armado que en diferentes formas lleva casi 70 años.

Entendemos que los documentos de los acuerdos son extensos y que hay puntos en que las personas pueden estar a favor o en contra. Aunque los acuerdos no son perfectos, nos identificamos con la frase que se ha acuñado recientemente, la cual sostiene: “que es mejor una paz imperfecta que una guerra perpetua o que una guerra perfecta”.

Así que Gracias Dios. Gracias negociadores. Gracias pueblo colombiano por su decisión y compromiso por la paz, no solo ahora sino a través de muchos años. Gracias por el arrepentimiento, gracias por perdonar, gracias por cambiar.

Así que más allá que cualquier consideración política, tenemos que buscar la paz simplemente porque esa es la voluntad y el ejemplo que Dios nos dio al entregar a su Hijo Jesús para poner fin a nuestra enemistad y alejamiento de él. Hay que aceptar ese regalo.

3. MYRIAM Y MARIA TERESA

Quiero dedicarle unas palabras a Myriam y Maria Teresa, dos madres que representan a cientos de miles o millones de compatriotas, cabezas de familia que luchan por conseguir el pan de cada día para sus hij@s.

Hace unos años salió un relato en un medio de comunicación titulado “Que Myriam No Coma Papel” (EDITORIAL EL TIEMPO, domingo 22 de agosto, 2004)
Este impresionantes reportaje cuenta la desgarradora historia de Myriam Suárez, una joven mamá de 24 años que les ha enseñado a sus dos hijos a comer papel periódico con aguadepanela para mitigar el hambre. Vivía en Los Puentes, en los cerros orientales de Bogotá, en un vecindario de 220 familias pobres.

La directora del ICBF de ese entonces, confirmó esta realidad y señalaba que existen prácticas semejantes. Dice que a los menores se les dan cubos para hacer sopas que, al producirles sed, hacen que beban agua todo el día y así matan el hambre.

Aunque en Bogotá, con diferentes grados de interés y compromiso de parte de los Alcaldes de turno, se han hecho esfuerzos por erradicar el hambre, quiero contarles de Maria Teresa y su hijo José Miguel.

Maria Teresa llegó desplazada de Córdoba a Bogotá, hace algunos años. A su esposo, un grupo armado lo desapareció. Tenía una hija de crianza y un hijo. Estaba embarazada de mellizos. En Bogotá tuvo sus mellizos, que se murieron recién nacidos.

Ahora lucha por su vida a causa de un cancer que la invade. Se sustenta con la oración y la solidaridad de otros, porque el dolor y los tratamientos no la dejan trabajar.

Un programa de bonos de unos $190.000 de la alcaldía era muy importante para la alimentación de su hijo de 10 años, José Miguel. Dijo “era muy importante” porque la alcaldía no ha vuelto a dar los bonos desde febrero. Dicen que por falta de presupuesto. ¿Qué van a hacer las María Teresas y los José Migueles, las madres, padres e hij@s enpobrecidos mientras salen adelante?

Estos dos relatos, como dice el periódico, “ponen el dedo en la dolorosa llaga de lo que significa la pobreza extrema en nuestro país.”

Por eso tenemos que decirle al alcalde, a los gobernadores de departamentos, a los congresistas, a los jueces y funcionarios, que no se pueden cambiar vidas humanas por proyectos de concreto, y mucho menos por desidia en su función.

No podemos equivocarnos en nuestras prioridades. Señor alcalde: no es suficiente hacer algunas cosas bien. Hay que hacer todas las cosas bien, y eso comienza con defender la imagen de Dios en cada ser humano. Y Dios bendecirá y le multiplicará a la ciudad y al país que hace eso.

4. EN CONCLUSIÓN, UNAS PALABRAS DE ESPERANZA

El Señor no nos deja con el desespero, sino con esperanza para nuestro pueblo.

Hace 15 años dije en el primer discurso de Pan y Paz: “El Espíritu del Señor nos dice que la paz no está lejos de nosotr@s, está muy cerca – aunque no sabemos de tiempos – pero sí está a nuestro alcance.
“La paz con pan está muy cerca a nuestras posibilidades, porque ya llegó el Príncipe de la Paz, ya sabemos cómo hay que hacer, ya tenemos su liderazgo garantizado y las instrucciones dadas. Así que si le seguimos, Jesús nos conducirá en los senderos de pan y paz”

A través del profeta Zacarías, el Espíritu nos dice:
“Pídanle al Señor lluvias de primavera,
y el Señor, que produce los relámpagos,
las enviará en abundancia....”

Hay que pedir las lluvias de primavera y el Señor las enviará en abundancia. ¿Cuáles son estas lluvias? Son en primer término las lluvias del Espíritu de Dios que trae el arrepentimiento, el cambio de mentalidad, que rompe el egoísmo, que nos lleva al perdón y la reconciliación.

Son lluvias de justicia y solidaridad que llevan a romper con toda opresión y a compartir el pan con el hambriento.

El Señor le dice a Colombia a través del profeta Isaías que hay que hacer desaparecer toda opresión, no insultar a los demás, ni levantar calumnias, que tenemos que darnos en servicio del hambriento, ayudar al afligido en su necesida.

Si empezamos a vivir y organizar el país con políticas y acciones que rechazan las mentiras, la corrupción, las injusticias y la explotación contra la gente sencilla, si le quitamos el yugo de encima y emprendemos políticas de justicia y solidaridad, el Señor Dios del universo que no miente, nos hace una promesa muy linda. Nos dice:

8 “Entonces brillará tu luz como el amanecer
y tus heridas sanarán muy pronto.”

La sanidad para nuestra nación no está lejana. Dios nos ama y nos ayuda sobreponernos a estas dificultades.

Nuestros gobernantes se pueden convertir a los caminos de Dios; los militares, la guerrilla, los paramilitares, los delincuentes, pueden dejar sus armas y su confianza en ellas; los poderosos y los ricos pueden convertirse a El y dejar su avaricia y prepotencia..

Si ponemos en práctica lo que el Señor nos pide, El nos promete:
"11 Yo te guiaré continuamente,
te daré comida abundante en el desierto,
daré fuerza a tu cuerpo
y serás como un jardín bien regado,
como un manantial al que no le falta el agua.
12 Tu pueblo reconstruirá las viejas ruinas
y afianzará los cimientos puestos hace siglos.
Llamarán a tu pueblo ‘reparador de muros caídos’,
‘reconstructor de casa en ruinas'".

Colombia puede ser reconstruida, y nuestro país será como un jardín bien regado y como un manantial al que no le falta el agua.”

No es difícil. Lo que necesita es voluntad.

Para concluir, las palabras de esperanza y ánimo que el Señor nos da en el profeta Zacarías:
“16 En aquel día, el Señor su Dios
salvará a su pueblo como a un rebaño,
y brillarán los suyos en su propio país
como las piedras preciosas de una corona.
17¡Qué bueno, qué hermoso será el país!
Con la abundancia de su trigo y su vino,
nuestros muchachos y muchachas crecerán hermosos.”


Soñamos con este país que Dios nos promete y trabajamos para que sea realidad. Un país de Pan y Paz para tod@s, un país de abundancia de trigo y vino; un país donde nuestros muchachos y muchachas crecerán hermosos.
¿Pueden imaginarse eso, cómo será? Les invito a que soñemos oremos y trabajemos junt@s para que esto sea realidad.

Dios nos ayudará. Dios les bendiga.

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