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Jenny Neme dirige hace ocho años la Asociación Justapaz, una organización cristiana menonita que propende por la no-violencia, la transformación de conflictos y la construcción de la paz.

Fuente: Reconciliación Colombia 2015

Jenny Neme es cristiana ferviente y trabajadora social de profesión. Su fe es práctica y cotidianamente vivencial. Proviene de un hogar católico tradicional. Desde niña se sintió interpelada por las injusticias sociales, pero nunca creyó en la violencia como método para solucionarlas. “En mi época de universidad los grupos armados convocaban fuertemente a los estudiantes para que se vincularan a sus filas, pero yo supe resistir a esa tentación”, recuerda Neme.

Sin embargo, no dejaba de participar en organizaciones sociales que hacían trabajo comunitario con jóvenes de las localidades más vulnerables de Bogotá. Fue durante su permanencia en la Asociación Cristiana de Jóvenes que entró en contacto con la doctrina menonita, tendencia de línea protestante que afirma la necesidad de la reconciliación por medio de la resolución pacífica de conflictos.

Allí tuvo la oportunidad de conocer experiencias de iglesias rurales que se convertían en blanco de algunos actores armados. Neme resalta el acompañamiento que brindó Justapaz a las comunidades de Itsmina y Andagoya, en Chocó, donde, gracias al liderazgo de un pastor cristiano, se había puesto a funcionar una cooperativa de productores de arroz. Un día llegó un comandante paramilitar a decirle al pastor que tenían que pedirles permiso a ellos para seguir produciendo, a lo que el pastor replicó que el proyecto era para el bienestar de la población y que ellos no reconocían la autoridad del comandante.

“En un principio todos sintieron mucho susto por la reacción de los paramilitares, pero eso sirvió para que se fueran ganando el respeto de ese grupo y le pudieran hacer exigencias de no agresión”, recuerda Jenny.

Justapaz busca en estos casos el aumento de las capacidades organizativas de las comunidades para generar iniciativas de paz desde la base. “Cuando la gente es capaz de pararse en la raya y decirles a los armados que no tiene nada que ver en su guerra, cuando la gente puede enfrentarse a ellos sin necesidad de usar las armas, uno se da cuenta que la reconciliación es posible”, concluye Neme.


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